Siempre he encontrado en la escritura un momento de paz y refugio. Cuando escribo sobre hechos positivos, la alegría y la plenitud me invaden por completo, y cuando escribo sobre acontecimientos menos positivos, siento que dejar todas esas ideas en el papel me libera y aligera.
Vivir con dolor no es una experiencia agradable y en muchas ocasiones tampoco fácil. De hecho, es cuando la soledad, la culpa y la lucha conmigo misma me atrapan y condicionan con más intensidad. Escribir en mi diario me ayuda a gestionar ese ahogo interno y a tomar perspectiva de toda esa revolución emocional para darle a cada cosa su lugar y recuperar mi equilibrio.
Sin embargo, también podemos encontrar en las palabras de otros ese abrazo y ese acompañamiento que estamos necesitando; quizás porque nos sentimos identificados con lo que nos comparte o simplemente porque alguna frase o palabra nos llega como ese rayo de luz que nos saca de ese vacío y oscuridad que estamos sintiendo.
En muchas ocasiones, especialmente en aquellas en las nos sentimos frustrados, enfadados o ansiosos, lo único que necesitamos es sentir que no estamos solos, que no nos estamos imaginando nada y tener esa compañía y ese abrazo cálido que nos ayude a seguir transitando lo que estamos viviendo aún cuando ese camino lo recorremos solos.
Llevo mucho años padeciendo episodios de dolor intenso que condicionan mi vida tanto personal como profesional y son muchas las reflexiones y enseñanzas que el dolor me ha dejado y me sigue dejando cada vez que vuelve a aparecer. Vivir con dolor es un camino intenso en el que podemos sentirnos realmente solos, y es por eso que decidí empezar a compartir mis pensamientos y aprendizajes en este pequeño espacio virtual.
Estoy segura que todas nuestras experiencias, cada una en su propio escenario, tienen mucho más en común de lo que pensamos así que deseo que quizás tú también puedas encontrar en este espacio esa compañía y abrazo que en determinados momentos puedas necesitar.