builderall

Hoy quiero hablarte de lo difícil que puede llegar a ser pedir ayuda cuando nos sentimos inmersos en una crisis de dolor. Y no me refiero a esa dificultad fruto de la autoexigencia o del miedo a la respuesta que nos puedan dar los otros, me refiero a la dificultad que viene de la propia incomprensión del dolor que estamos sintiendo. Así que si estás del otro lado, acompañando en algún proceso de dolor, muchas gracias por estar. Estas palabras también son para ti.


Ya te comenté en una reflexión anterior que vivir con dolor crónico va de la mano de muchos momentos de profunda incomprensión, y una de las consecuencias que tiene, es la enorme dificultad para pedir ayuda. Sin embargo, en ocasiones esto puede ser malinterpretado o visto como una situación de egoísmo, en la que queremos ponernos la capa de súper héroes para afrontar todo lo que estamos viviendo nosotros solos. Ojalá fuera así de sencillo.


"Aunque parezca contradictorio, no siempre sé lo que necesito cuando me encuentro en una crisis de dolor"


¿Cómo pido ayuda si ni siquiera yo sé lo que necesito? ¿Qué ayuda pido cuando lo único que quiero es cerrar los ojos y alejarme de todo? ¿Qué te pido cuando lo único que puedo hacer en esos momentos es transitar ese dolor?


Si lo que necesito es un medicamento, te pediré que bajes a la farmacia y lo consigas por mi, si necesito ir al hospital te llamaré para ver si me puedes llevar, si necesito un plato de sopa te lo diré por si me lo puedes preparar, pero en otras muchas ocasiones, lo único que necesito es acostarme y confiar en que ese momento de dolor pasará incluso antes de que lo pueda desear.


?"No se trata de que no te pida lo que necesito, sino más bien, que lo necesito no siempre puede venir de algo que otros me puedan dar"



Así que si no te pido nada o te digo que no puedes ayudarme, no lo tomes a mal, ni tampoco como algo personal. A veces lo único que necesito es sentirte cerca, saber que estás a mi lado y que cuando sepa lo que necesito estarás ahí para oírlo.


Sé que estar a mi lado en esos momentos puede llegar a ser frustrante y molesto, pero créeme si te digo que esa misma incomprensión y malestar que tú sientes, la siento cada día de mi vida multiplicada por mil. Y no se trata de una batalla para ver quién lo pasa peor, sino de un momento de eterno agradecimiento por permanecer ahí, sin juzgarme, esperando por lo que te pueda pedir.