Siempre he sido un persona organizada que disfrutaba haciendo planes para su tiempo libre. Ir de viaje, quedar para comer, tomar un café o simplemente ir a la montaña, eran actividades que disfrutaba enormemente. Y no es que a día de hoy no lo haga, sino que he tenido que aprender a disfrutarlas, a pesar de la frustración por no poder realizarlas. Hoy sigo haciendo todas estas actividades pero con una gran diferencia, no suelo planificarlas, y si lo hago, es a muy, muy corto plazo.
Uno de las mayores lecciones que me ha dejado, y me sigue dejando el dolor, es aprender a aceptar el cambio de planes en una fracción de segundo sin castigarme por ello. Despertarme y ser consciente de que no voy a poder salir de casa, y ver cómo todo lo que había planeado se cae al traste, no es fácil. Comprometerte con alguien que ha organizado su agenda en torno a nuestra cita, y llamarle una horas antes para anularlo, es duro. Programar un viaje con el temor constante de cómo me levantaré ese día, o de cómo lo haré durante el viaje, es agotador. Aceptar que trabajar como me gustaría, ahora es complicado, me deprime. Y a mi propia frustración, súmale la frustración que siento al ver la cara del otro cada vez que digo, no va a poder ser.
Durante mucho tiempo, tomé la decisión de no hacer planes. Ni conmigo misma, ni con mi pareja, ni con amigos, ni con desconocidos. Absolutamente nadie. Y como estarás intuyendo, esto me llevo a perder ciertas relaciones por la distancia que eso suponía. Sin embargo, era la única forma que encontré para poder transitar toda esa frustración. Con el tiempo, empecé a hacer ciertos planes, en los entornos y con las personas que me podían dar esa mano y compañía que necesitaba. Logré planificar un viaje a dos meses vista y, aunque tuve crisis de dolor, lo disfruté muchísimo. Pero todo en la vida es cíclico, y la frustración volvió a aparecer, cuando el ciclo de dolor se intensificó.
Pero, ¿sabes qué? NO ES ASÍ. Cada experiencia que vivimos, cada consejo que probamos nos da una nueva visión para gestionar lo que nos viene. Y aunque, la frustración por el cambio de planes, sigue estando presente, trabajo cada día para poder recuperar los mandos y que no sea esta la que me acabe minando. Sé que en este camino de gestionar el dolor habrá cosas (y personas) que se queden a mitad; pero también sé, que hay muchas otras, que llegarán a mi vida para sumar. Yo he elegido seguir aprendiendo sobre el dolor, aceptando todas sus caras, aún cuando no las entienda, porque estoy segura que llegará el día en el que pueda mirar para atrás y cambiar la frustración por una sonrisa.
?Hoy, aún sigo aprendiendo.