Quiero comenzar este post diciéndote que "tu dolor es real, no te lo estás inventando".
Para cada uno de nosotros lo que sentimos es una realidad indiscutible. Si nos cortamos, duele; si nos damos un golpe, duele; si nos insultan o abandonan, duele. Sin embargo, cuando hablamos de dolor crónico, especialmente si no está asociado a un daño aparente, el dolor parece que es menos real. Ese dolor que sentimos, intenso e invalidante, comienza a ser cuestionado hasta el punto que se plantea como una falla de nuestra química cerebral o un problema psicológico. Sin embargo, recuerda:
Cuando, consulta tras consulta, te repiten que ese dolor está en tu cabeza, comienzas a interiorizar que el "problema" eres tú. Comienzas a cuestionarte la validez de lo que sientes y la culpa empieza a apoderarse lentamente de ti. Este es un camino con difícil retorno si no logras tomar distancia y solo le das poder a esas palabras de un especialista, que lo único que le sucede es que no es capaz de explicar con lo que sabe actualmente lo que te está pasando.
Hace unos años me encontré en esta situación y justo cuando empezaba a asumir que era yo la que estaba poniendo trabas a mi propia recuperación, acudí a la consulta de un especialista en neurocirugía que me escuchó, valoró mis pruebas y mirándome a los ojos me dijo: "tu dolor es real, lo único que ha sucedido es que tu cuerpo ha creado un nuevo programa de alerta que te mantiene en ese estado aún cuando no hay daño, peligro o lesión aparente".
En ese momento, rompí a llorar. Por primera vez sentí que alguien veía y entendía lo que me estaba pasando. Lo que me contaba tenía todo el sentido del mundo y con un lenguaje muy sencillo pude entender lo que le estaba pasando a mi cuerpo.
Desde ese día comencé a investigar y a estudiar sobre la biología y química del dolor. Me di cuenta que no por estar con una bata en una consulta significa que se tengan las respuestas a todos los problemas que se plantean. Descubrí que existen otras formas de abordar el dolor y que nos permiten recuperar el poder de acción y cambio de nuestra condición. Existe un camino de esperanza y luz que ofrece respuestas más allá de una medicación de por vida.
Soy consciente que el camino no siempre es fácil y que siguen apareciendo preguntas para las que todavía no tengo respuesta, pero de una cosa estoy segura:
Y, aunque todavía estoy en el proceso de sanar este programa de dolor, hoy sé que no tengo ni una falla en mi sistema ni una tara psicológica; simplemente que he de cambiar el relato que mi cuerpo ha ido interiorizando a través de mi propia experiencia.
Existen especialistas y formas de abordar el dolor que son ese rayo de luz y esperanza que todos los padecientes de dolor crónico deseamos escuchar en algún momento. Hoy te dejo el enlace a uno de mis vídeos en los que te comparto algunos de esos libros que me han ayudado a entender el dolor desde otra punto de vista. Deseo de todo corazón que tú también puedas encontrar en ellos la respuesta que en estos momentos estás necesitando.
Gracias por leerme y estar al otro lado.