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Parece extraño que nos cueste poner palabras a lo que estamos sintiendo. De hecho, se supone que en la medida que podemos nombrar lo que nos pasa, más fácil nos será gestionarlo. Sin embargo, cuando se trata de dolor, parece que esta regla no funciona de la misma manera. He aprendido que el dolor puede manifestarse de diferentes formas: eléctrico, punzante, con presión, continuo, intermitente...y que no necesariamente un mismo estímulo tiene por qué desencadenar una crisis de dolor. Para algunos, esta incapacidad es señal de una posible invención, e igual lo que dices que te pasa no es para tanto. Es curioso cómo otros parecen tener tan claro lo que nos pasa, cuando ni siquiera nosotros mismos podemos ponerle palabras.


"Dime lo que sientes, que yo te cuento lo que te pasa"


Desde fuera parece verse claro: "no es para tanto", "no has hecho lo suficiente", "yo sabría gestionarlo", "lo estás haciendo mal", "igual es que te gusta estar así", etc...Cada una de estas frases llega como un dardo directo al corazón, parece que te lo estás inventando, o peor aún, que lo estás exagerando para llamar la atención. Pero la realidad es otra, sobre todo, cuando quieres seguir haciendo tu vida a pesar del dolor. Normalmente tendemos a quedarnos cortos cuando contamos cómo nos sentimos.


La incomprensión y la soledad vuelven a aparecer y nos convertimos en patatas calientes del sistema o en sacos de consejos y pautas, que ni siquiera hemos pedido. (A esto le dedicaremos sus respectivas reflexiones)


¿Cómo ponerle palabras al dolor para que otros, especialmente nuestro médico, nos entienda?


Lo que está claro es, que aunque nos cueste, hemos de aprender a ponerle palabras a ese dolor. Es necesario poder pintarle un cuadro a nuestro especialista que le permita tener una visión más clara de lo que sentimos y, nos pasa, en esos momentos. Es necesario, para nosotros mismos, ponerle palabras que nos ayuden a reducir ese nivel de angustia y ahogo emocional para poder ver la situación de la forma más objetiva posible. Solo cuando conseguimos hacer este trabajo, podremos transitar ese dolor y podremos sanarlo desde esa comprensión.


Una de las cosas que más me han ayudado a acercar la imagen de mi dolor a otro es compararlo y describirlo con algo conocido, por ejemplo:



Esto tan sencillo, ayuda a que la otra persona pueda asociar lo que me pasa con la lista de síntomas y patologías que tiene en su memoria. Pero luego está el otro trabajo, el que hacemos para nosotros mismos, y aquí trabajar con la escritura, el dibujo y la visualización me han ayudado mucho.


El tiempo me ha enseñado que para que el otro me entienda, o por lo menos, para que pueda tener una ligera idea de lo que siento, primero he de ser capaz de construir una imagen concreta que describa ese dolor. En otro caso, seguiré luchando porque por mucho que trate de explicar, y la otra persona quiera entender, este dolor que siento, solo lo siento yo. Así que si te sirve, olvídate por un tiempo de los demás, y trata de encontrar tu propia forma que dibuje y describa el dolor que estás sintiendo.


"Igual, la comprensión por parte del otro no es del 100%, pero por lo menos ya tiene una imagen más concreta a la que mirar"